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El Describidor

Alzheimer, la enfermedad de la vejez

La atención a un enfermo que presenta trastornos nerviosos, cuadros de demencia senil o enfermedad de Alzheimer, requiere mucha paciencia y dedicación por parte de sus familiares, pero cuando la paciencia y los medios económicos se han agotado, en ocasiones, se ven obligados a internar al enfermo en un asilo, es una decisión bastante difícil la que se adopta.

Nuestro cerebro, con un poco de energía es capaz de realizar las operaciones más complicadas que cualquier supercomputador que se haya inventado. Es una máquina perfecta, sin embargo, con el mal de Alzheimer, las neuronas van sufriendo un deterioro progresivo hasta que mueren, y la víctima en algunos casos queda con la mente en “blanco”.

Todas las funciones relativas a la capacidad de pensar, recordar, soñar, escuchar, hablar, respirar, caminar, etcétera, dependen exclusivamente de un maravilloso órgano llamado cerebro, la máquina más perfecta de la que está dotado el ser humano.

El cerebro es uno de los órganos que forman el denominado “sistema nervioso central”, conjunto integrado por el encéfalo -del que forman parte el cerebro, el cerebelo y el tronco cerebral- y la médula espinal. Este sistema se encarga de las funciones de control y el accionar de todo el organismo.

El cerebro se encuentra encerrado en el interior del cráneo, que actúa como una caja fuerte que le protege de agresiones externas. Tiene una forma ovalada y se halla dividida en dos partes simétricas: los hemisferios. Su diámetro anteroposterior es de unos 16 cm, el transversal de 14 cm y el vertical de 12 cm. Pesa cerca de 1,2 kg, y está formado por más de 18 mil millones de células nerviosas donde permanece almacenada la mayor parte de la información adquirida y las actividades más características del ser humano.

Sin embargo, esta portentosa máquina es bastante sensible y puede sufrir daños a causa de golpes, sufrir enfermedades y puede colapsar a causa de la vejez.

Mal de Alzheimer

Esta enfermedad es considerada como la más devastadora del cerebro en la edad senil, por ahora es un mal incurable que deforma el tejido cerebral, dejando a la víctima con la mente en “blanco”, que afecta al 2 por ciento de la población en países industrializados.

Fue descrita por primera vez en 1906, por el neurólogo alemán Alois Alzheimer, quién, había observado durante cuatro años a una paciente de 55 años que presentaba síntomas de pérdida de memoria, depresión, alucinaciones e incapacidad para razonar. La mujer murió; cuando se hizo la autopsia descubrió en su cerebro ciertas partículas, en forma de plaquetas que eran desechos celulares y algunas extrañas nudosidades, que luego fueron identificadas como tejidos cerebrales degenerados, pero estas anomalías del cerebro las asoció erróneamente con personas que sufrían la arteriosclerosis. Estudios posteriores confirmaron que la degeneración de los tejidos cerebrales se produce de forma progresiva, el cerebro se encoge lentamente, como un fruto desecado; las conexiones neurales languidecen poco a poco hasta colapsar. En el interior de las neuronas aparecen pequeños filamentos anormales que terminan por sofocar a las células. En el espacio entre neuronas, una proteína llamada amiloide beta se une a las células gliales y terminaciones nerviosas deformadas las que dan origen a las llamadas “placas seniles”. Las marañas y placas invaden lentamente todo el cerebro, hasta llegar a una zona muy sensible, el hipocampo, zona que facilita la formación de la memoria, y a la corteza, que se especializa en el razonamiento, el juicio, el lenguaje y la orientación. Afectadas todas estas zonas la enfermedad ha entrado en su período más crítico. Los investigadores sugieren a factores como los genes, al ambiente, la hipertención y la edad, combinadas las que ocasionan esta terrible enfermedad.

Resulta difícil diagnosticar esta enfermedad, muchos trastornos mentales pueden confundirse con ella; entre ellos, la depresión, el mal de Parkinson y otras complicaciones neurálgicas.

Síntomas de la enfermedad de Alzheimer

En su primera etapa la persona afectada va perdiendo la memoria, se hace dificultoso el aprendizaje de cosas nuevas, o el hecho de retener nuevas informaciones, luego sufre lagunas en el razonamiento, o baches en la orientación en tiempo y espacio. Es decir, el enfermo se desorienta fácilmente en las calles, la enfermedad es progresiva, con el tiempo va perdiendo sus facultades físicas, la lucidez mental y la autoestima. Le dificulta hablar, caminar, incluso, ya no controla sus evacuaciones. La mente sucumbe, y luego el cuerpo, hasta que la persona afectada queda en estado vegetativo. Este proceso, que se prolonga años, equivale a una larga y penosa agonía.

Un rayo de esperanza

Nadie sabe qué origina esta terrible enfermedad. Según algunos investigadores tiene origen genético, y otros consideran que podía tratarse de un virus desconocido que desarrolla cuando la persona llega a la vejez. La ciencia médica está probando con la fisostigmina, un fármaco suministrado por vía intravenosa, y oral en otros casos, que reduce el ritmo de fragmentación de la acetilcolina, una sustancia cerebral responsable de la comunicación entre las neuronas. Los pacientes presentaron una leve mejoría de la memoria y algunas facultades físicas. Otro fármaco aplicado recientemente es la desferrioxamina cuya acción hace más lento el deterioro de las células cerebrales que provoca esta enfermedad.

En los últimos años se ha logrado importantes avances en el conocimiento de esta enfermedad, se espera que dentro de poco tiempo los investigadores de la medicina dispongan de medicamentos realmente eficaces para tratar este terrible mal.
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