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El Describidor

De todo un poco...

Guisado de carne con vainitas

Para dar un gustito especial a la familia durante la semana, recomendamos este preparado fácil de hacer y muy sabroso. Vainitas = porotitos verdes.

Ingredientes: 4 porciones

Guisado:

• 2 cdtas. aceite

• 2 dientes ajo triturados

• 3 cdtas. jengibre fresco finamente rallado

• 1/2 kg.. carne de res, cortada en bastones delgados

• 2 cdas. salsa de chile

• 2 cdtas. salsa de soya + 1 cdta. azúcar

• 1/2 tz. (o al gusto) Salsa de carne con chili LA COSTEÑA.

• 500 gr. vainitas tiernas y partidas a la mitad

• 250 gr. tallarines

Preparar así:

Vainitas tiernas: Cortar las puntas, retirar los hilos y cocerlas al vapor (al dente) 7 a 8 min.

1.-Guisado: En una sartén calentar el aceite a fuego medio y fritar removiendo el ajo junto al jengibre, durante 1 min. Incorporar la carne, mezclar y dejar cocer hasta que dore, luego adicionar la salsa de carne al gusto y la soya endulzada, mezclar. Rectificar la sazón, dejar cocer 2 min. más y retirar del fuego. Entretanto se prepara el guisado, cocer el tallarín según instrucciones del paquete. Reservar caliente ambos preparados por separado.

2.- Servir: Escurrir los tallarines y servir una porción en cada plato, encima colocar una porción generosa del guisado de carne.

Fiesta de la Anata – Patrimonio cultural

De acuerdo con la UNESCO, se entiende como Patrimonio Cultural, además de los monumentos y construcciones antiguas, a cualquier conjunto de formas de cultura tradicional, popular o folklórica, donde se incluyen las tradiciones orales, costumbres y fiestas.

Es en estas circunstancias que la Asociación de Comparsas del Carnaval paceño, ha planteado al Congreso Nacional, que, para el aniversario de fundación de nuestra ínclita La Paz, este 20 de Octubre, la Fiesta de la Anata sea declarada Patrimonio Cultural, tangible e intangible de Bolivia, como una forma de proteger aquel legado milenario que es nuestra identidad cultural, pretendiendo a través de esta medida encontrar estrategias de preservación y difusión de este bien cultural patrimonio de los paceños.

La Fiesta del Carnaval y sus "Entradas" de Ch’utas y Pepinos, resguarda una constante lucha por el reconocimiento de la verdadera fiesta andina del Anata, que a partir de la colonización española, tuvo que valerse de personajes como el "Ch’uta" y su pareja, así como de otras representaciones identitarias como la "Ch’alla", para que pervivan una serie de costumbres muy apegadas a la fecundidad, donde se agradece a la madre tierra "Pachamama" por el florecimiento de la papa y otros productos.

Sin lugar a dudas la Fiesta de "Domingo de Tentación" en las laderas de nuestra ciudad, tiene una antigüedad de aproximadamente más de doscientos años y se constituye en un referente muy claro de la lucha de la identidad andina y su resistencia frente a la imposición española y republicana.

La primigenia fiesta tradicional "Anata", a la llegada de los españoles coincidió en fechas con su Carnaval, y fue cambiada de nombre abruptamente, suplantada e impuesta por otra, sobre todo en las áreas citadinas. Aquel ritual de agradecimiento a la Madre tierra, no tenía nada que ver con el principio de desenfreno del Carnaval. Sin embargo, en las afueras del centro urbano de la ciudad, se siguió mostrando la visión originaria andina, patentizada claramente con el surgimiento del Ch’uta, la Chola, el Kusillo, y más tarde, luego de una metamorfosis andino urbana, el Pepino, personajes articuladores de una manifestación tradicional sincrética, mientras la "ciudad" aún se inclinaba más hacia lo burgués y lo foráneo.

A través de la Declaratoria de Patrimonio Cultural, se va a poder implementar políticas que contemplen el relevamiento de la fiesta desde una óptica de valoración socio histórica y socio cultural; la conservación de este bien patrimonial; el fomento para su supervivencia a través de sus actores; el mejoramiento de las condiciones en las que actualmente se desarrolla y su puesta en valor como recurso turístico.

En la actualidad, importantes Comparsas de Ch’utas y Pepinos se organizan en esta fiesta, desatando una importante actividad comercial, que beneficia principalmente a los artesanos bordadores; a miles de músicos; familias enteras dedicadas al comercio formal e informal, en fin, hasta a los peluqueros.

El impacto inmediato de esta Declaratoria puede beneficiar directamente a la "industria sin chimeneas", en una ciudad que "sí" tiene las comodidades y servicios básicos para albergar a miles y miles de visitantes.

La mejoría de la calidad de vida, que incluye el establecimiento de condiciones que faciliten la permanencia en el departamento de La Paz, puede abrir camino a una nueva concepción del patrimonio, aunque serán necesarios programas de capacitación técnica y de concientización de la comunidad, que consoliden el sentimiento de pertenencia a las zonas que involucran el patrimonio cultural, así como a la ciudadanía en general.

Esta Declaratoria tiene como objetivo la salvaguarda y valoración de una fiesta que por su configuración en el altiplano y las laderas de la ciudad de La Paz, se muestra como un elemento de resistencia cultural y de pervivencia de usos y costumbres fuertemente ligados a la cosmovisión andina.

Declarar Patrimonio Histórico Cultural Tangible e Intangible de la República de Bolivia a la Fiesta Andina del Anata y la Entrada folklórica de Ch’utas, así como a sus personajes: El Ch’uta, el Pepino y la Chola paceña, ahora está en manos del Congreso y la Brigada paceña, esperemos que como un regalo al Departamento de La Paz, sea promulgada en su cumpleaños.

A los paceños y no paceños, nos toca apoyar a este tipo de iniciativas. No permitamos que nuestras tradiciones, sin el adecuado apoyo institucional, se queden en el olvido.

Javier Escalier Orihuela, Presidente de la Asociación de Comparsas del Carnaval paceño

7 de cada 10 bolivianos son mestizos

Los datos están contenidos en una encuesta de Unir que realizó 1.800 entrevistas en 10 ciudades. Más de la mitad cree que hay racismo en el país, principalmente en Santa Cruz. Los jóvenes migran más en el país.

Más de la mitad de los bolivianos, el 68,9 por ciento, se consideran mestizos, mientras que el 65,5 por ciento se considera perteneciente a un grupo indígena. Estos datos corresponden a la encuesta ´Diversidad Cultural hoy´ realizada por la empresa Casa Común a pedido de la Fundación Unir, dirigida por la ex defensora del Pueblo Ana María Romero de Campero.

La encuesta fue aplicada en 10 ciudades, las nueve capitales de departamento y El Alto, en el primer semestre del 2006 y contempló 1.800 entrevistas a personas de distintas edades y ocupaciones.

Los resultados de la encuesta que fueron presentados ayer por la Fundación Unir muestran el nivel de inculturación que existe en Bolivia. Romero explicó que esto se refiere al proceso de integración de una cultura en otra. Es decir que ´los bolivianos no están divididos, sino unidos con diversidad de identidades´.

Los datos de identificación que hay en las personas respecto a las culturas son parecidos a los del último censo nacional, en el que más del 60 por ciento de las personas cree que tiene relación aymara o quechua, entre otras.

De acuerdo a los resultados de la encuesta, Romero señaló que el racismo ´es un tema preocupante´ toda vez que en una escala del 1 al 7 (1 significa que no hay racismo y 7 que hay mucho) el promedio es de 5,14. ´Es decir, existe un elevado racismo´, según las respuestas recogidas.

Los resultados dan cuenta que el 33,33 por ciento de los encuestados considera que el color de la piel es el principal factor de discriminación, seguido de la pertenencia a un pueblo indígena, apellido y factores regionales (ver la infografía de arriba).

Los encuestados consideran que Santa Cruz es el departamento en el que más racismo hay, seguido de La Paz y Cochabamba.

Respecto a la migración intra e interdepartamental, la ex Defensora del Pueblo dijo que Bolivia ´es un país movedizo´. Los datos revelan que cerca del 43 por ciento de la población reside en un lugar distinto al que nació, o sea se constituye en migrante.

Los departamentos y/o ciudades que concentran más población migrante son: Cobija, Santa Cruz, Tarija y El Alto. En menor porcentaje Cochabamba, Potosí, La Paz, Oruro y Sucre.

Romero añadió que otra variable que preocupa es que los valores como confianza, respeto y colaboración ´pasan por un mal momento´. Esto, aseguró, “se lo ha estado viendo en el desarrollo de la Asamblea Constituyente”.

Otros datos

Intolerancia • Un 43% de la población urbana encuestada tiene bajos niveles de aceptación a otras culturas.

Migración • Jóvenes entre 18 y 24 años son los que registran mayor tasa de migración.

Relación cultural • El 3,2% de los encuestados no conoce a ningún pueblo indígena.

Llegada de ibéricos a Qhochapampa

Lo que queda de la propiedad del primer poblador occidental en Cochabamba Garci Ruiz de Orellana. Sus descendientes administraron la hacienda de Mayorazgo en Cala Cala.

Pese a las inclemencias del tiempo e ingratitudes del abandono, la “Casona de Mayorazgo” de más de 300 años de antigüedad, aún sigue en pie; aunque lánguida, casi por desmoronarse, y gritando auxilio, parece celosa guardar secretos de la colonia que espera algún día desvelar en tanto se la restaure y devuelva su esplendor.

Este monumento de adobe de espectaculares dimensiones por el grosor de sus muros fue hecho alrededor del año 1700 como casa de hacienda, cuando Cochabamba apenas se denominó Villa de Oropesa. Es considerada un patrimonio invaluable para la ciudad y el país porque su construcción es atribuida a los descendientes del primer ibérico que habitó la Llajta: el expedicionario Garci Ruiz de Orellana, quien tuvo su primer asentamiento en la “Chacra del algarrobal”, y llegó a la región hacia 1542 buscando fortuna junto a Pedro de Estrada y Francisco Pizarro.

Ruiz de Orellana se construye en un personaje muy importante en los acontecimientos de la fundación de Cochabamba por haber sido dueño de la mayor parte de tierras en las que se fundó la merituada Villa de Oropesa. Según textos de José Macedonio Urquidi, el español adquirió los territorios de los caciques Achata y Consavana, mediante un título de venta expendido en la Villa Imperial de Potosí en 1552. El precio fue de “130 pesos de buena plata corriente” a la comunidad de Sipe Sipe, de acuerdo al Volúmen 16 de los expedientes coloniales.

Al igual que Garcí Ruiz de Orellana, Pedro Estrada se avecindó en la región, pero Gerónimo de Osorio adquirió sus tierras para fundar la villa española y los compensó otorgándoles otras. Es así que a a Garci Ruiz de Orellana le cambiaron su propiedad por una ubicada en lo que hoy es la esquina de las avenidas Simón López y Melchor Pérez de Holguín, donde trasladó su hacienda a lo que hoy conocemos como “Casona de Mayorazgo”.

Actualmente la edificación es refaccionada y se convertirá en un Museo de Estilo de Vida, en el que se mostrará, a través de sus diversos espacios, cómo era la cotidianeidad de aquél período histórico. Además, se revitalizará el lugar para que sea un lugar de exposiciones artísticas y difusión del conocimiento. Los Tiempos

Primeros pobladores de la Llajta

La Llajta, ¿por quiénes estuvo habitada antes? ¿Desde cuándo hubo pobladores en este valle fértil? La respuesta es: desde hace 10 mil años. Y a esos primeros habitantes no les faltaban razones para establecerse en estas tierras. Hace 10 milenios, vivieron cazadores y recolectores. Dejan sus primeras huellas en Kayarani (Colomi, provincia Carrasco) en forma de raspadores y puntas de proyectil. Luego, hace 2 mil años, ya tenemos a los primeros alfareros, sociedades más complejas, que además combinan sus actividades artesanales de la cerámica con la agricultura. Corresponden a lo que los estudiosos llaman Periodo Formativo. Se establecieron preferentemente en Aiquile (provincia Campero). Dejaron en esa región infinidad de pruebas de su presencia: vasijas, artefactos de cerámica monocroma, de forma globular (de globo), ovoidales; también keros (especie de vasos), pipas, instrumentos musicales en cerámica y hueso, así como algunos artefactos agrícolas.

Expansión hacia otros valles

Pero, no únicamente los antiguos cochabambinos se establecieron en Aiquile, sino también en Mojocoya, al sudeste del departamento y al norte de Chuquisaca., ya en el 200 d. C. y todavía perteneciente al Formativo. Estos habitantes se destacan por trabajar la cerámica para la fabricación de cuencos con tres patas largas y planas, vasos embudos y jarras globulares. Los decoran con diseños en espirales y líneas escalonadas sobre fondo rosado. Son muy laboriosos, pues también desarrollan el arte textil, la metalurgia, la cestería y tenían prácticas funerarias de momificación.

En la zona de Tupuraya, en el mismo Cercado, tenemos a otro grupo humano. Su cerámica se caracteriza por sus diseños geométricos en colores rojo y negro. Fabrican vasos huaco-retratos y vasijas antropomorfas y dan nombre a lo que se llama el “estilo Tupuraya”. No se vaya a pensar que los antiguos pobladores de Cochabamba se establecían en una sola zona. Es el caso de los Tupuraya, se excavó un entierro Tupuraya en Arani y también se halló cerámica de este estilo en Mizque.

Tiwanakotas en la Llajta

Cuando se piensa en Tiwanaku, se remonta uno al lago Titicaca, puerta del Sol, etc. Sin embargo, Cochabamba fue parte importante de ese imperio en su etapa expansiva.

Los tiwanakotas se establecen principalmente en Omereque. La cerámica es policroma (multiplicidad de colores) y de arcilla bien cocida de colores rojos. Decoran con diseños antropomorfos y zoomorfos, todo lo cual exhibe una alta civilización.

Estado Tiwanaku

Durante su fase expansiva, desarrolló varias estrategias de ocupación. Allí se articuló con otros grupos locales de tradición cultural diferente, para obtener e intercambiar productos alimenticios y bienes suntuarios. Su influencia llegó al Valle Central cochabambino, pasando hacia el Valle Alto y los valles calientes. Los Tiempos

La colonización de los quechuas

Incallajta, portentosa edificación de factura inca, con estilo “provinciano”. Los Incas, nuestros invasores, un poderoso pueblo. Pero no siempre fue así. El peruano Waldemar Espinoza nos traza un cuadro donde vemos a la elite de los incas huyendo de su región natal Tiwanaku por alguna razón (sequías, devastación, invasión de los aymaras) rumbo a Cuzco. Ahí, ese grupo era una comarca más de labradores que no se distinguía mayormente de sus vecinos. Sin embargo, por ser herederos de una alta cultura, los incas produjeron excedentes de comida y formaron un ejército muy hábil. Luego de someter a sus principales enemigos, los Chancas, se impusieron en la región, a fuerza de masacrar o aliarse con otros señoríos.

Pronto fueron poderosos y vieron que los límites les resultaban pequeños. Entonces, Pachacutec se lanza en procura de mayores conquistas y llega hasta lo que hoy es Bolivia. Somete a los aguerridos aymaras (entonces dueños de esa región) y los vence militarmente.

Empieza a continuación un largo proceso expansión de los Incas en territorio que fue aymara. Cochabamba es la niña mimada de los invasores, que ven en la región “el granero” del Imperio, por la calidad y abundancia de maíz. Desde luego que los aymaras no resignan fácilmente su territorio y oponen feroz lucha. Es Huayna Cápac quien consolida la presencia inca en Qhocha Pampa.

Inmediatamente, el Estado Inca reorganizó la provincia del Kollasuyo. Los principales centros urbanos fueron Omereque y Aiquile, donde la presencia estatal se hizo fuerte para servir de contrafuerte ante las arremetidas de los chiriwana. Omereque tuvo tanta importancia que fue el centro vial de donde partían los caminos incaicos hacia Santa Cruz y Chuquisaca.

Otro distrito de excepcional importancia fue Quillacollo, donde los incas construyeron 2.500 silos de maíz con destino a todo el Imperio, acopiado de Tiquipaya, Colparirhua, Vinto, Cercado. Para la administración y control de estas qollqas, se edificó Incarrakay, desde donde se exportaban los granos.

Omereque, “ entre ríos”

Como casi toda Cochabamba, Omereque tiene toponimia aymara. Significa “Vida entre ríos y valles”. Fue un distrito importante del Incario. Desde ahí construyeron caminos hacia Santa Cruz y Chuquisaca. La vía principal fue Totora-Omereque.

Aiquile, “adentro”

Igualmente de toponimia aymara, Aiquile fue el distrito antagónico de Omereque, ciudad rival, pero a la vez complementaria en su condición de centro urbano que controlaba el acoso guaraní. Hoy no es ni su sombra.

Deportaciones

Huayna Kápac decidió que la gran proveedora de maíz para el Estado Inca sería Cochabamba. Arrancó a los habitantes aymaras de su terruño y los mandó a las fronteras en lucha con los chiriwana y, en su lugar, trajo mitimaes leales al Imperio, en lo que fueron deportaciones masivas. A estas etnias, rivales muchas veces entre sí, se les entregó parcelas cedidas por el Inca y se les encomendó cuidar los silos donde se guardaban las cosechas.

Presencia inca en Qhochapampa

Caminos incas conectaban todo el valle

Para el traslado de la abundante producción agrícola, el Inca trazó una extensa red vial. Las vías “estructurantes” fueron el camino Totora-Omereque y camino Arani-Mizque. Totora y Arani, tierras altas, fueron zonas de cultivos de papas, y Omereque y Mizque, tierras de cultivos de hortalizas. Otra relación para Omereque era su conexión hacia Pasorapa.

Las qollqas, silos de maíz de acopio

Había mucha comida para guardar, ¡qué lujo! El Departamento de Arqueología de la UMSS ha descubierto y registrado más de 2.500 silos de almacenamiento de granos en la zona de Cotacachi. Se trata de construcciones circulares con cimientos de piedra capaces de contener, cada una, entre cinco y diez toneladas de maíz. En Perú no les queda nada.

Incarrakay, centro de control

Incarrakay estuvo relacionado con las qollqas. Este centro consta de 17 edificaciones rectangulares y cuadrangulares, en lo que debió ser el tambo principal desde donde se organizaba la exportación maicera a los demás territorios del Estado Inca. Por otro, no se descarta que fuera construido con fines militares para la protección de los silos de pueblos codiciosos.

Incallajta, cuidadela portentosa

Ocupó un lugar especial en el Collasuyo. Está constituida por varios sectores que incluyen grandes plazas y patios, edificios públicos, canales y sectores donde podrían haber vivido las elites y otros probablemente destinados para el pueblo o el ejército. Entre sus edificios más notables está el kallanka, el más grande del imperio.

Huacas, de Cusco a la Llajta

Con el traslado de mitamaes a territorio cochabambino, los incas trajeron también sus deidades. Wilson García señala que era imprescindible que el formidable centro agrícola, administrativo y militar que fue el valle de Cochabamba tuviera también que funcionar como un escenario de intensa actividad religiosa desarrollada en torno a la producción agrícola.

Los tiempos