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El Describidor

Bolivia, bello país donde la soberbia y la confrontación es una manera de mirar la vida

Estoy preparando una excursión para este fin de semana; me iré a las “muelas” de Bermejo, en que la arquitectura y solemnidad de las montañas hace recordar los paisajes cuando se paseaban libres los dinosaurios por la tierra. Son una cadena de elevaciones, una tras otra, que forman hondos cañadones por donde se puede transitar caminando por las laderas (haciendo camino al andar) y vadeando ríos cordilleranos llenos de placas rocosas y lagunas. Nada más alejado de la violencia, de la confrontación, y sin embargo este bello paraje está en un país en que la violencia es una manera de mirar la vida y de relacionarse. Que pena.

El Gobierno esta haciendo gala de soberbia y de a poco se acerca a tomar actitudes propias de un totalitarismo que se creía disuelto en el tiempo. Llegó al extremo de negar su deber de pacificar y delegó en las organizaciones sociales la capacidad de hacerlo. Es decir, delegó en la calle la seguridad y tranquilidad internas. ¿Resultados? Son varias las marchas que se están llevando a cabo, la principal de las cuales tiene como objetivo declarado llegar a La Paz (partió desde Santa Cruz hace una semana y poco) y cerrar el Congreso Nacional, con las bendiciones del Gobierno de Evo Morales. Son cientos de campesinos que acumulan kilómetros y llagas en sus pies para llegar y cumplir su objetivo de cercar la Capital y deshacerse de esa molestia democrática que es el Senado nacional. ¡Son 903 Kms. caminados en abarcas (ojotas) o a pié pelado!

La oposición, lo mismo. No cede ni un palmo y está comenzando a caldear la situación con medidas anunciadas de hecho para obligar al Gobierno a “reflexionar”. Ya hay piquetes de huelguistas de hambre, que se han ido mermando porque los burgueses no aguantamos muchas horas sin comer (al revés de los contrarios, que han pasado hambre toda la vida). Ya hay marchas y concentraciones (la de Santa Cruz, antes de ayer, congregó hasta 50 mil personas en la Plaza Principal). Ya hay reuniones para hoy y hasta el fin de semana, en que sacarían resoluciones ¡que matan!

Es una pena, porque al mismo tiempo es ridículo. Lo que sucede hoy siempre ha sucedido. Es la manera de ser del boliviano, especialmente de la zona del altiplano: confrontación, que nace de la manera dual que define su cosmogonía. Afortunadamente, los que ya estamos en una edad más sabia, sabemos que estos son los tiempos de los petardos y que hay que esperar un poco para que los bandos quemen adrenalina y se calmen. Aunque también sabemos que esta calma sólo será el anticipo de la próxima confrontación. Por eso es que no hago caso de los consejos de mi mujer y pienso nomás ir de excursión, sin atender a supuestos peligros. Un par de días dentro de la naturaleza y su belleza serán mejor que estar esperando el estallido y mirando la televisión para verlo en primera fila. Por último, si pasa algo, me llevaré esos dos días como recuerdo para contarlo en el más allá.

Carlos Duarte M.

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Cuatro Ojos, el único puerto cruceño... y olvidado.

Aunque nadie lo crea, el Piraí es navegable. se unía con el río grande, pero una crecida desplazó el curso 80 kilómetros y el piraí se dispersó en bañados. con el fin del auge de la goma, cuatro ojos perdió importancia. Ésta es la historia de un puerto que se quedó sin agua y sin negocio, y de los sangrientos encuentros con los nativos yuquis y sirionós

Sería una apuesta fácil de ganar: pregunte a sus amigos si el Piraí es navegable. Si tienen 20 años de edad, le dirán que no. Si tienen 30 o quizá 40, también. Un amigo que pase de las cinco décadas tal vez sepa que hace más de 70 años Santa Cruz tuvo un puerto fluvial. Este reportaje cuenta algo de la increíble historia del único puerto cruceño, fundado por los jesuitas y pensado para conectar las misiones de Santa Rosa y Buenavista con las de Mojos.

Es cierto que también estuvo el puerto de Paila, que ofrecía un caudal más constante, pero no es errado suponer que ambos se usaron según la conveniencia y las crecidas. Fue precisamente la crecida registrada en 1825 la que llevó a las aguas del Río Grande a encontrarse con el Piraí. Paila, inutilizado como puerto, cedió a Cuatro Ojos la función de conectar con Mojos.

Sin embargo, en 1840 nuevamente se separaron el Piraí y el Río Grande. La vía de navegación Cuatro Ojos-Los Limos, que empalmaba con el río Grande y de ahí al Mamoré, quedó interrumpida. Los ganaderos, quineros y comerciantes debían viajar por tierra hasta Mojos. Algunos exploradores (Miguel Suárez Arana, Romualdo Aguirre, Antonio L. Velasco) encontraron que desde el punto llamado Cuatro Ojos se podía navegar.

Parece sencillo llegar hasta el lugar. Desde la capital se recorren Warnes, Montero, Saavedra, Minero, Chané, Aguaíses, Sagrado Corazón y San Pedro, que está a unos 135 kilómetros. Se trata de la ruta soyera que, aunque asfaltada en gran parte, es peligrosa. El tramo final hasta San Pedro está cubierto de un polvo finísimo que se convierte en bruma espesa al primer estornudo. Un camión con 30.000 o más kilos de carga transforma el recorrido en una lenta tormenta de polvo que bloquea totalmente la visibilidad. A lo sumo se puede ver a un metro, lo que obliga -en pleno día- a encender las luces. El tráfico de los monstruos de 18 y 36 ruedas parece no detenerse nunca.

Los viajeros que hace ocho décadas debían embarcarse, seguían una ruta diferente a la de los camiones. Pasaban a ritmo de buey cerca del río Asubicito, luego Santa Rosa del Sara, Palometas y Asubí Grande. Sesenta kilómetros de selva debían atravesar los carretoneros. Cada jornada terminaba con el misterioso canto del guajojó, que aún se oye cerca del río Palacio, que va a sumar su riqueza de peces al ya cargado Piraí a varios kilómetros de Cuatro Ojos.

Durante las primeras décadas de la era republicana se formó el pueblo. Hacia finales del siglo XIX o comienzos del XX, llegó un francés de ascendencia suiza e italiana: José Sciaroni Conil. Este francés vio el mayor esplendor del puerto. Tenía 2.500 habitantes, cuatro tiendas comerciales, oficina de telégrafo y correo. Por supuesto, se construían batelones (barcazas de regular tamaño) y lanchas. Los productos de Santa Cruz llegaban hasta Mojos y terminaban en las barracas donde los sueños de los siringueros se apelmazaban como la hevea brasiliensis que explotaban. Arroz, charque, maíz y azúcar llegaban hasta esas remotas regiones. Antes de Sciaroni, se lo conocía como Puerto de los Collas, porque vivía por la zona un señor Mostajo, a quien el francés compró una parcela, animado por Nicolás Suárez, el magnate de la goma, a quien había conocido en Argentina. El amor de Carmen Durán Medina, con quien tuvo nueve hijas y un hijo, lo arraigó para siempre en las tierras que domina el inconstante Piraí.

Carlos Cirbián recreó el aspecto del puerto. Así investigó que los comerciantes cruceños iban hasta Belém do Pará, en Brasil, ya en el siglo XVIII, llevando sorgo, aceite de copaibo, cuero y pieles. Regresaban con especias y otros productos de ultramar. Eran conocidos los vapores como La Estrella del Oriente, de Barriga y Compañía, y el vapor Guapay, de la casa Zeller y Mozer. "En 1899, algunos periódicos anunciaban que ya no había despachos, porque los almacenes de Cuatro Ojos estaban llenos", cuenta el pintor. El hecho de que ahí se asentase una Capitanía de Puerto indica la importancia de este punto comercial. Por ahí llegaron las máquinas de Luz y Fuerza y uno de los primeros vehículos que circuló en Santa Cruz de la Sierra.

DECLINACIÓN DEL PUERTO

En 1912 el negocio de la goma se acabó. La planta crecía en la lejana Malasia -por entonces colonia británica-, África y Ceilán. Bolivia, Brasil, Perú, Ecuador y Colombia no pudieron competir con esa producción, más barata y accesible. Lo paradójico del caso es que las semillas fueron llevadas ilegalmente de la misma Amazonia. El pequeño puerto de Cuatro Ojos dejó de ser útil. Poco a poco, las tiendas fueron cerrando y quienes se instalaron en la zona buscaron mejores ubicaciones. Era raro ver navegando a las lanchas que antes surcaban frenéticas las aguas con su carga de azúcar, charque y provisiones.

Pero la naturaleza se encargaría de dar el golpe de gracia a Cuatro Ojos. Lo recuerda Pepe Sciaroni, el único varón de los diez vástagos del francés José Sciaroni. Pepe Sciaroni -que también se llama José- vive en Santa Cruz. Es un lúcido octogenario que en 1929 tenía seis años de edad. Esa fecha es importante, porque una crecida del Río Grande depositó sus sedimentos en Los Limos, lugar con numerosos bajíos cambiantes. El Piraí, al llegar al lugar con la fuerza de las lluvias primaverales, no tuvo por dónde desembocar en su ’hermano mayor’, como lo llama Hernando Sanabria. El río, según explica el director del Searpi, Walter Noe Angus, ya no tiene un cauce definido que desemboque en el Río Grande. "El cauce se divide, y por eso la sedimentación ha subido", explica.

Aunque perdió su importancia comercial, la leyenda siguió rodeando al lugar. Pepe Sciaroni, que nació en Cuatro Ojos, no tenía intenciones de abandonar su tierra ni su río. Su padre murió en 1945 y nunca abandonó el puerto. Para él bastaban La Ilustración Francesa, revista a la que estaba suscrito, y Caras y Caretas. Además, tenía que responder la correspondencia, porque cada dos días llegaba una carta relacionada con los negocios. Así, Pepe Sciaroni Durán continuó el trabajo agrícola. Ya sabía lo que era navegar, y desde 1943 ya llevaba su producción de azúcar y café hasta Trinidad. El transporte de los productos de las casas Zeller, Elsner y de Paz Hermanos también era su responsabilidad.

Pepe Sciaroni vivió 43 años en el lugar, es decir, hasta hace menos de un par de décadas. Sembraba café, chocolate y caña. El pescado era y aún es abundante. "Tenía 30 hectáreas de café y vendí una cosecha para empezar a fabricar azúcar granulada. Hacía queso todos los días y vendía a San Pedro. Tenía 600 cabezas de ganado", cuenta. Cuatro Ojos tenía un teléfono que don Pepe atendía; fue también corregidor.

EL LIBRO QUE TRAÍA NIÑOS AL MUNDO

Seis son los hijos de Pepe Sciaroni. El Consejero Médico del Hogar, editado en 1939, era el libro que consultaba con Jenny Cuéllar Limpias, su esposa. Alguna vez oyeron a los jaguares, y desaparecían chanchos y ganado que el poderoso ’pintado’ se llevaba. Aún hoy, al navegar por el Piraí, se ven las huellas y se oye el rugido poderoso de un jaguar de casi tres años, al que están habituados los trabajadores de la propiedad de Alfredo Soria, ubicada a media hora en canoa desde Cuatro Ojos.

Ni siquiera los yuquis fueron una amenaza seria para esta familia. Sin embargo, uno de los misioneros evangelistas que entró al lugar cerca de 1960 tuvo la mala suerte de romper una de las flechas de los aborígenes, conocidos como ’bárbaros’. Uno de ellos les gritó en castellano: "Váyanse. No queremos contacto con ustedes". Los misioneros tuvieron que salir.

Dos científicos alemanes que llegaron al sitio en la década del 20 se aventuraron sin preguntar mucho. En lugar de pernoctar en la margen derecha del río, lo hicieron en la orilla dominada por los sirionó, otra etnia que vivía en el lugar. El viejo estudioso, según contó Elena Velasco viuda de Ibáñez, lloraba cuando lo conducían, capturado, junto al más joven de los expedicionarios. Nunca más se supo de ellos. El joven fue nombrado cacique, lo que explicaría la siguiente historia.

Los ’bárbaros’ robaron utensilios de cocina, un gallo y una gallina. Poco después, los mozos que trabajaban en la hacienda encontraron a un grupo y ’cazaron’ a dos mujeres sirionó. Las mataron y se llevaron a sus hijos, que después fueron vendidos. Según cuenta Pepe Sciaroni, es posible que uno de esos pequeños esté trabajando ahora, ya grande, como mecánico en las inmediaciones del mercado Mutualista.

Como venganza, los nativos pusieron trampas con puntas de flecha llenas del fatal curare. Nadie cayó en ellas, pero cuando un mozo de los evangelistas fue a sacar plátano, oyó un silbido. Vio un hombre blanco de brazos cruzados y a otro pintado de negro, listo para la batalla. Un flechazo acabó con la vida del mozo. Se cree que el hombre blanco pudo ser, si no el alemán que capturaron, uno de los Ibáñez de la zona, que se convirtió en ‘bárbaro’.

En otra ocasión, otros pobladores del lugar atacaron a los sirionó y vieron a un cacique de barba, que llevaba a un pequeño que tenía rasgos europeos. En ese mismo enfrentamiento, capturaron a tres nativas. Una de ellas bailaba un ritmo parecido al vals. Poco tiempo después, la mayor de las mujeres ahorcó a las más jóvenes. Se cree que eran mujeres del cacique, y que las dos infortunadas fueron víctimas de los celos de la mayor.

Es conocida también la historia de una mujer blanca que fue llevada cautiva por los guerreros sirionó en 1915. Cuando la encontraron, cinco años después, tenía tres hijos.

La casa grande construida por el primer Sciaroni tuvo que ser abandonada. Parte de los materiales fueron empleados por Pepe Sciaroni para construir, en la orilla opuesta, una nueva vivienda. Las inundaciones fueron cubriéndola poco a poco, hasta que tuvieron que salir y afincarse en Santa Cruz. Pepe Sciaroni afirma que los árboles talados por los campesinos migrantes formaron una masa compacta que aumentó las inundaciones.

Es imposible habilitar el puerto; no porque el río se ha movido más de 300 metros del lugar original, sino porque no hay una desembocadura única al Río Grande. Hace pocos años, la armada norteamericana y el Searpi estudiaron la posibilidad de habilitar el río Yapacaní como puerto de navegación. Se usaría el ferrocarril que ha quedado inutilizado entre Santa Rosa y Yapacaní. Una terminal intermodal permitiría trasladar la carga a las barcazas, que viajarían por el Yapacaní hasta el Mamoré. Los estudios de carga de sedimentos y dragado no fueron concluidos, por lo tanto, Santa Cruz quedará, por ahora, con la aspiración de tener un puerto cercano para exportar hasta la producción de la brasileña Rondonia. Mientras tanto, ahi queda, nuevamente recordada, la historia.

Javier Méndez Vedia

Te extraño

De la poetisa chilena Sylvia Rojas:

Te extraño...
me afirmo como hoja
temblando en el viento
como el herido sobre la bayoneta
me inclino
avanzo sin fuerzas
ahogo el cráter de suspiros
y te extraño…

Te extraño
agoto mi voz y mis palabras
cierro el oído de tu presencia
consigo otras voces
invito otros pensamientos
los halago con bienvenidas
más cuando se cuela un silencio
vuelve a mí el recuerdo
y te extraño…

Te extraño y duele…
las fuentes una vez rotas
se perfilan sobre el suelo oxidado
llamado olvido
pero no hay muerte de recuerdos
sólo hay silencios
sin vida útil.

Llegan baños ecológicos: menos agua, más abono

La falta de alcantarillas en gran parte de Cochabamba y el elevado costo del agua en nuestro medio son los padres de un innovador proyecto de “Baños Ecológicos EcoSan”, que comienzan a implementarse en regiones perirubanas de Cochabamba sin la utilización de líquido gracias al programa “Agua Tuya” dependiente de la empresa Plastiforte.

El proyecto es una interesante alternativa que, empleada a gran escala, podría solucionar el extenso derroche de agua en Cochabamba que desperdicia 60 millones de litros diarios al mezclarlos con 40 mil de heces fecales que son desembocados en Albarrancho como “aguas servidas”, contaminando la zona y constituyéndose en una bomba de tiempo. El cálculo supone que cada largada de cadena de un baño tradicional bota a las alcantarillas 10 litros de agua limpia, multiplicados por 300 mil usuarios.

Aunque resulta poco usual escuchar sobre retretes “secos”, varias naciones desarrolladas como Holanda, Japón y México emplean este sistema alternativo en centros rurales y urbanos, con la premisa de un funcionamiento sostenible para el medioambiente y ahorro de agua. Se instalan incluso en edificios de varios pisos con excelentes resultados, según comenta el director del proyecto, Gustavo Heredia Deiters.

La muestra piloto de estos “Baños Ecológicos” en nuestro departamento fue entregada hace un par de meses en la zona de Challacaba, perteneciente al distrito 9 (límite entre las ciudades de Cochabamba y Quillacollo, más conocida como La Maica Norte) y el impacto entre los receptores es calificado de muy positivo, al punto que a la fecha se construye una veintena de bases para instalar 20 nuevos inodoros hasta fines de mes.

La modalidad para la implementación de los 50 primeros baños del programa piloto es financiada por el proyecto en la mitad de su costo (225 dólares aproximadamente para la instalación del inodoro con todos sus sistemas). El resto de la inversión corre por cuenta de los interesados.

Los “Baños ecológicos” se parecen a los tradicionales. Las tazas son de porcelana con diseños atractivos y poseen dos compartimientos: en uno va la materia seca (heces) y en otra la líquida (orina).

La única diferencia de los baños ecológicos con los tradicionales es que prescinden del líquido y otorgan la ventaja de capacitar a los usuarios en programas de reciclaje para mejorar el rendimiento de sus terrenos o jardines, empleando el abono formado en los depósitos de recepción de heces fecales y orina a partir de una mezcla de tierra, ceniza y cal que se echa cuando se ha usado el inodoro.

“Esta mezcla permite neutralizar el olor de la defecación y contribuye a la deshidratación de la misma. Le cambia el pH y la convierte en un abono altamente nutritivo” comenta el director del programa de Baños Ecológicos, Gustavo Heredia.

Funcionan básicamente separando la materia seca de la orina en distintos contenedores que son colocados debajo del baño en la base de la estructura.

Luz Marina Canelas Arze

Bolivia: cuando la lógica política deja de ser lógica y se transforma en hipocrecía.

Los últimos días han sido de conflicto. Marchas kilométricas en favor o en contra de algo, y con muertos incluidos. Huelgas de hambre en la Asamblea Constituyente. Amenazas varias y por cualquier cosa. Declaratorias en emergencia. Realmente, agobia tanta agresividad. Pero ¿donde está la lógica detrás de todo ésto?

Una queja general de la oposición y los movimientos cívicos de la media luna boliviana es acerca del rodillo del MAS, el partido de Gobierno. Según la Democracia (así, con mayúscula), la voluntad del pueblo se manifiesta en las urnas, y en esas cajas de cartón el MAS obtuvo el 54%, y por lo tanto la mayoría en una de las Cámaras parlamentarias y un fuerte contingente en la otra. Asimismo, es mayoría franca en la Asamblea Constituyente. Por otra parte, se lo eligió para que lleve adelante un plan o idea de cómo debería ser el gobierno. Pero cuando quiere imponerlo, se lo acusa de hacer uso "arbitrario" de su mayoría y se rompen lanzas contra el rodillo oficialista. ¿En qué quedamos? ¿Es democracia o no? ¿O la democracia sólo vale cuando beneficia a unos, y ahí es lógico pensar en la mayoría absoluta, pero cuando beneficia al contrario, en este caso el ganador, sólo valen los 2/3 o mejor los 9/10? Esto no es democracia, es hipocrecía.

La ley INRA. La actual ley permitió abusos por doquier, y ahí están apareciendo nombres de empresarios cruceños con dotaciones de hasta 330.000 Hás. de tierra, que según la Ley deberían ser "para los que la trabajan". ¿Don Luis trabaja esas 330.000 Hás.? Los agropecuarios amenazan con paros y trifulcas defendiendo a la Ley que permitió esos abusos. E ingenuamente dicen que, si existen esos "sinverguenzas" que se los borre del mapa. ¿Acaso ahora son sinverguenzas? ¿Y antes, hace pocos meses, no eran los invitados privilegiados a todos los cócteles y a las cabeceras de las instituciones patricias? Casos como el de Don Luis abundan en Santa Cruz, y nos llaman a defender la democracia y el aparato productivo "hasta con nuestra sangre". ¿Vamos a defender a los latifundistas con nuestra sangre? ¿Acaso sus hijos no tienen sangre para defender lo que sus padres consiguieron? Según el movimiento cívico, defender a la actual ley es defender el futuro de Santa cruz. ¿Será tanto así? Hay empresarios que han acapárado hasta 500.000 Hás. y otros que son dueños de medio departamento en el Beni. ¿Esos son el futuro que hay que defender? Nuevamente, pura hipocrecía.

¿Qué esta sucediendo? Simplemente, es la democracia en acción. La democracia se define como el sistema de gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo... cuando el pueblo soy yo.

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Diabetes... ¡Bienvenido al club!

El estilo de vida occidental esta provocando estragos, especialmente las costumbres alimenticias. Se calcula en 230 millones el número de diabéticos tipo II que hay en el mundo, y lo que es más grave, el 50% de ellos desconoce su condición. Y la cifra sigue subiendo. En el periódico salió, hoy, la siguiente información: "La cifra alarmantemente elevada de padecimiento e diabetes entre los aborígenes de Nueva Zelanda amenaza la supervivencia de todo el pueblo, indican reportes locales de hoy. Entre los 500.000 maoríes que quedan en Nueva Zelanda, cada quinto muere por diabetes, en comparación con una tasa de cuatro por ciento entre los neozelandeses blancos, dijo el profesor de investigación sanitaria entre maoríes, Chris Cunnigham, al diario "Dominion Post". En Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) se efectuaron muestreos que demostraron que la proporción mundial se cumple religiosamente: el 55% de los muestreados era diabético sin saberlo.

Yo pertenezco al club, desde hace 2 años. Me cuido... lo suficiente. Trato de no romper la nuevas reglas, pero es dificil (¿por qué será que lo rico, o es pecado o engorda?). He visto o sabido de casos dramáticos de amputaciones, cegueras, y siempre pienso que a mi no me tocará. Felizmente hago deporte extremo, y me bebo hasta 6 litros de agua diarios. Estoy consciente de que de algo hay que morir, pero... cuesta llevar adelante un programa de vida sana. Los cambios en la dieta o en las costumbres son radicales, y los latinos no nos caracterizamos por la disciplina precisamente. Cada 3 ó 4 meses me hago exámenes, y los índices de azucar no quieren bajar de 240 en promedio. ¡Qué diablos!

Diabetes. Así se llama la enfermedad que, muy probablemente, terminará por matarlo. Vaya acostumbrándose. ¡Bienvenido al club!

Jordán desnuda el "alma cruceña" en una muestra

"Alma Cruceña" es el nombre de la retrospectiva pictórica del artista Armando Jordán Alcázar (1893-1982). Las primeras obras conocidas de Armando Jordán datan entre 1920 y 1930. En toda su producción, se refleja la observación profunda de la flora y fauna locales, así como del ser humano, visto a través de una crítica social realizada con especial sentido del humor. Sus pinturas son el testimonio de la vieja ciudad que desaparece, de las fiestas, tradiciones y costumbres cruceñas. En ellas, se observa también el cambio arquitectónico y el cambio en la forma de vestir de acuerdo a la moda en vigencia. El artista se retrató en muchas de sus obras, siempre con su característico terno de lino blanco.

Jordán fue dibujante, pintor, cartógrafo y profesor de dibujo. Hijo del cartógrafo cruceño Froilán C. Jordán y de doña Cleofé Alcázar, Armando Jordán Alcázar nació en Irupana (provincia de Nor Yungas en el departamento de La Paz), el 15 de junio de 1893.

En 1903, la familia Jordán Alcázar regresó a Santa Cruz, donde don Froilán inició a sus hijos en el dibujo y la pintura. Jordán Alcázar fue designado, en 1915, profesor de dibujo, en el Colegio Nacional Florida, cargo que desempeñó hasta 1933. En 1934 asumió la dirección del Colegio Sagrado Corazón de Jesús (El Seminario), hasta su jubilación. Durante algún tiempo fue director de la sección cartográfica del Ministerio de Educación. Contrajo matrimonio con Doña Guillermina Roca. Con ella tuvo una hija, Gueisa. La señora Guillermina, muy conocida por sus dotes culinarias, era dueña del restaurante La Casa de la Tradición, donde se encuentran aún obras del artista.

La muestra es organizada por la Fundación I. Patiño, el Museo de Historia de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, el Gobierno Municipal Autónomo de Santa Cruz de la Sierra y la Prefectura de Santa Cruz.

Solitario que saltó a la fama

Según el ensayista e historiador Alcides Pareja Moreno, aunque Armando Jordán aparece como un pintor solitario, ignorado durante mucho tiempo, tanto en el ámbito local como nacional, pues se pensaba que su pintura era provinciana y de escaso o ningún valor. Sin embargo, a partir del último tercio del siglo XX -sobre todo después de la exposición que se hizo en 1983 en el Museo Nacional de Arte de La Paz- su nombre ha sido reivindicado y se le ha dado su lugar dentro la plástica cruceña y nacional.

"Armando Jordán es el más auténtico representante de los ingenuistas, naífs o primitivos modernos; es decir esos pintores que se caracterizan por no tener ninguna formación académica y ser autodidactas, y que tratan de expresar de manera espontánea y sencilla lo que llevan dentro", escribe Pareja.

En tanto, Roberto Querejazu afirma que "Jordán es una de las figuras clave del arte boliviano del siglo XX que tiene características peculiares y sin paralelo en el arte nacional.

Y, finalmente, Teresa Quisbert va más allá y da a Jordán un lugar de privilegio en la práctica nacional.

La peña Naira de Pepe Ballón

En la década de los 60 cuatro jóvenes entusiastas elevaron el folclore boliviano hasta los escenarios europeos. Uno de ellos fue Pepe Ballón, el creador de la emblemática Peña Naira. Violeta Parra compuso allí su tema Gracias a la vida.

Dicen que no hay novia fea ni muerto malo. Pero lo de Pepe Ballón es sorprendente. Todos quienes lo conocieron aseguran que era un hombre bueno, desinteresado y leal. No hay una sola opinión contraria. Ni una.

Apasionado en todo lo que hizo, pero siempre queriéndolo hacer sin protagonismo, su trayectoria y su vida beneficiaron a muchos. Gracias a él, el folclore boliviano llegó a las ciudades y traspasó el racismo y las fronteras. Luis Alberto Ballón, Pepe, fue el creador (junto a Jorge Carrasco y Leni Ballón) de la Galería Naira, que luego se convertiría en la primera peña folclórica del país: la Naira, que este trabajador gráfico y editor dirigió durante ocho años.

Allí se formaron grupos imprescindibles en la historia musical de Bolivia, como Los Jairas, Los Payas o Los Caminantes, también se descubrió el talento de artistas como Alfredo Domínguez, se formaron ideales políticos como los de Marcelo Quiroga Santa Cruz y hasta se vivieron apasionadas historias de amor, como la de Violeta Parra y Gilbert Favre, el ‘Gringo bandolero’.

Nació en La Paz en julio de 1918 y falleció el 9 del mismo mes, pero en 1997. “Murió al día siguiente de que aparecieron los restos del Che", cuenta su única hija, Leni Ballón. "Como sabía que Banzer iba a ser presidente, prefirió morirse antes", explica esta mujer que ha heredado mucho del carisma de su padre, que compartió con él la creación de sus sueños y además lo hizo un abuelo feliz, uno de los roles que don Pepe más disfrutó.

Al regreso del exilio estuvo a cargo durante varios años de la imprenta de la Universidad Mayor de San Andrés, de donde se jubiló; fue campeón nacional de ajedrez; militante fundador del Partido de Izquierda Revolucionaria y del Partido Comunista de Bolivia, al que perteneció hasta 1967, y fue detenido, torturado y exiliado durante el régimen de Hugo Banzer. Por esos días, él se las ingeniaba para dirigir el boletín Whipala, órgano de los exiliados bolivianos en Venezuela, además de que colaboró con la Central Obrera Boliviana, con la Asamblea de Derechos Humanos, con el Comité Boliviano por la Paz y la Democracia.

Trataba bien a todos. Amigos y desconocidos. "No sabía decir no", explica Leni.

Fiel a sus convicciones, abrió las puertas de la peña a las reuniones donde se destilaban sueños de izquierda, tanto así que en la libreta que le encontraron al Che estaba su nombre como referencia para los trabajos litográficos. Al poco tiempo vino el allanamiento, la detención y el exilio, "pero mi padre jamás dejó de decir que era un hombre de izquierda y así vivía", recuerda orgullosa su hija.

La peña fue expropiada de todas las obras de arte que había reunido, desde que el lugar apenas era un cuarto con bancos fabricados por los presos de San Pedro, mientras que su director fue desterrado por más de 12 años. No devolvieron nada. Cuando Ballón regresó, la peña la manejaban Ernesto Cavour y Luis Rico, pero había perdido el sentido cultural y altruista con el que nació. "Mi padre jamás pensó en ganar dinero ni fama, ni nada... ni siquiera puso la peña a su nombre porque jamás pensó que se la quitarían".

Violeta en La Paz

Violeta llegó a Bolivia en 1966 en busca de su gran amor, el quenista suizo Gilbert Favre, el mismo que había convencido a Ballón de convertir la galería en peña. Favre, más conocido por el apodo de ‘Gringo bandolero’, era un hombre singular. Desde que llegó a Bolivia se enamoró de ella y no la dejó más. Su talento para la quena lo convirtió pronto en la atracción de quienes pensaban que ése era un instrumento propio de los indios. Tocaba con los ojos cerrados, con una pasión extraordinaria y con la misma defendía a Bolivia y a su cultura. Uno de los pocos registros del pensamiento de Favre está dado en una entrevista realizada por el periódico El Diario y publicado en junio de 1966. Allí habla del carácter de la música boliviana: "… queremos dejar bien sentado que las esencias estéticas del folclore boliviano nada tienen que ver con las farándulas de chichería o de las habituales jaranas. Los elementos de belleza que conforman la música boliviana contienen en sí un mundo jerárquico, una sustancia intemporal y el genuino perfume que caracteriza a la belleza pura, sin adulteraciones. Las universidades, la radio y el teatro serán los escenarios de nuestras actuaciones”. Su constancia hizo posible esto y más.

Favre y Violeta se conocieron en Santiago y se enamoraron profundamente. Pero ella tenía un carácter posesivo y celoso, y él era mujeriego, una combinación explosiva. Luego de una pelea en la que ella amenazó con matarlo, él decide escapar de Chile y así llega a Bolivia. Al poco tiempo, y junto a Edgar "Yayo’ Jofré en la voz, Julio Godoy en la guitarra, Ernesto Cavour con el charango y él en la quena, forma Los Jairas, uno de los hitos de la música folclórica boliviana.

De ella poco se sabía en Bolivia, así que el día en que una mujer despeinada, poco agraciada y con olor a ajo llegó a la peña y le preguntó a Pepe Ballón por Gilbert, éste jamás imaginó que se trataba de Violeta Parra. Favre le había hecho escuchar las cintas grabadas que tenía y por la voz la imaginaba absolutamente bella... "Conforme transcurría la charla, veo que era una mujer con gran talento, con increíble sensibilidad, una artista. Toda mi primera impresión había cambiado. Cuando ya estábamos por finalizar la conversación, le pregunto quién era. ‘Violeta Parra’, me dice", recordaba Pepe Ballón en una entrevista de hace años (1).

La enamorada mujer había llegado a La Paz para salvar su relación. En este entonces, Gilbert ocupaba un pequeño cuarto que se encontraba en el patio trasero de la peña y allí ella también se acomodó. Bajo el tibio sol paceño, y mientras la pareja intentaba nuevamente darle rumbo a su relación, Violeta creaba con un marcador en pedazos de cartón. Fue en uno de esos pedazos donde compuso su Gracias a la vida, dedicada a Gilbert, "donde habla de los ojos claros y de su casa y su patio, porque saliendo del cuarto había uno pequeño. Ella lo amaba profundamente y vino dos veces para intentar recuperarlo", recuerda Leni, que guarda entre los tesoros de su memoria la vez que estando en Chile se encontró con Violeta y ésta les dio a ella y a un amigo un concierto privado e inolvidable.

"Fue en la carpa que ella tenía, donde hacía sus peñas, comida, tragos calientes. Fui con un amigo y Violeta nos dio un concierto, nos cantó todas las canciones habidas y por haber. Fue muy emocionante”.

En su estadía en la Galería Naira, Violeta presentó una exposición de sus dibujos y asombró al público con su talento, pero mientras la artista brillaba, la mujer sufría. Los esfuerzos por reconquistar a Favre eran inútiles, él la quería, pero había dejado de amarla, así que Violeta regresó a Chile. Es de esa época su tema Maldigo del alto cielo y el principio de la relación de Favre con Indiana Reque Terán, con quien se casaría tiempo después en un matrimonio compartido con Alfredo Domínguez y Gladys Terán, que se realizó en la peña Naira.

Aunque intentó dos veces volver con Favre fue inútil, y aun habiendo empezado otra relación, pocos meses después del rompimiento definitivo con el ‘Gringo bandolero’, Violeta Parra se disparó en la boca: "En la mera boca de decir canciones, de besar al amor y agradecer a la vida", recuerda el periodista Jorge Mansilla. Así, Violeta Parra dejó en el patio de la peña Naira sus ilusiones y desengaños más profundos.

La Peña

Situada en uno de los lugares más peculiares de la ya emblemática calle paceña Sagárnaga, Naira ha sido sin duda una parte imprescindible de la cultura y su desarrollo. Desde ese 21 de enero de 1965, cuando se inaugurara la entonces llamada Galería Naira de Arte, Artesanía y Folclore, que luego, a sugerencia y complicidad del suizo Gilbert Favre, se convertiría en peña folclórica, los desgarros de la quena, el charango o la zampoña se urbanizaron para llegar a un público que pronto empezó a gustar verdaderamente de estas tonadas e incluso a comprenderlas.

Fue tanto el éxito que para conseguir una entrada había que reservar espacio con un mes de anticipación. En el lugar sólo se ofrecía vino, ispis y pasankalla. "En los espectáculos sólo vendíamos vino, una bebida no muy aceptada por nosotros; lo que se buscaba con esto es que no hubieran borracheras", contaba divertido don Pepe.

Todo estaba pensado para que brillara únicamente la cultura, sea cual sea su expresión. Y ante tal magnetismo, pocos pudieron resistirse. Entre los visitantes asiduos estuvo el ideólogo de la guerrilla del Che, Regis Debray; el presidente Juan José Torres, Marcelo Quiroga Santa Cruz y hasta Tania, ‘la guerrillera’.

La peña Naira fue el primer emprendimiento empresarial privado a favor de la cultura, pero se manejó durante ocho años bajo la dirección de Pepe Ballón sin ningún afán comercial ni de lucro. Luego vino la dictadura, los arrestos, las torturas y el exilio. Y se perdió todo. Pero cuando regresó a Bolivia, Pepe lo hizo con una sonrisa pícara y valiente, la misma que todos quienes compartieron con él recuerdan y continúan admirando.

Mónica Oblitas

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