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El Describidor

Amazonia, sus lenguas se mueren

Los misioneros encontraron más de 30 lenguas en Moxos jesuítico; hoy, de los 23 dialectos ubicados en Beni, dos ya desaparecieron y otros van por el mismo camino. Hay una decisión de rescatar esa riqueza que identifica a los pueblos, por eso se demanda una política pública.

“Soshosna ospotsnila"... "Se acaba lo que hablo". Esta frase resume el interés que nos llevó a ir más allá, a conocer lo que está pasando con la riqueza cultural viva que existe todavía en una parte de la vasta extensión de la Amazonia boliviana, en la geografía del gran Moxos Amazónico.

Las palabras iniciales corresponden a uno de los dos últimos miembros del pueblo indígena Itonama, que aún habla su lengua materna: don Lauro Chanato Velaca, un veterano de 84 años, cuya frágil figura, y paso del tiempo, se afianza sobre un tembloroso bastón, tan lustroso, pero acabado como su dueño.
La memoria de los ancianos, que todavía guardan el conocimiento ancestral, también se muestra frágil, hay lagunas que ellos mismos admiten, tanto así que ya no pueden decir lo que está pasando con su idioma. "No me recuerdo cómo decir que todo se está acabando, trataré de recordar", dijo el último canichana hablante en San Pedro Nuevo, don Eugenio Jilagachi, que al final calló, sumido en los recuerdos silenciosos de sus 82 años, añoranzas que trata de retener, aunque que ya les son mezquinas.

"¡Eto vechiri'vo eto tepeno'quiore!, taji'napo eto vio'chkionono eto vechencho'!"... "¡Mi idioma se está muriendo!, ya no hay los abuelos que hablaban", exclamó Carmelo Joa Mosua, uno de los cinco miembros de una familia que ha decidido construir frases y diálogos del javeriano, el otro dialecto moxeño que está por seguir la misma suerte que el loretano. Mosua recordó que en 1983 murió su abuela Florentina Guaji, quien empleaba sólo el javeriano, la lengua que Pedro Marbán reservó para los Chachuriono, "la etnia de estatura chica".

"Adcabo wire'to!, ¡ya se acabó todo!", expresó, por su parte, Bella Rosa Pinheiro de Mendoza (59), otra de las indígenas que se aferra a algunas palabras en la lengua joaquiniana, y que se lamenta que nadie se haya preocupado por enseñar su lengua materna en algunas de las instancias educativas.

CAUSAS

Todo puede tener una explicación, cuando vemos que el sistema público de la educación y de visión como Estado relegó sin inmutarse el derecho de mantener su cultura y su lengua a los pueblos indígenas, llamados todavía 'selváticos'.

"La creación de la República, en 1825 y, posteriormente, la Reforma Agraria de 1953 no llegaron a mejorar la situación de marginación y exclusión de los pueblos indígenas de las políticas nacionales y de la sociedad civil boliviana, considerados como 'grupos selváticos bajo protección del Estado". (Romero, Ruperto & Ventiades, Nancy, 2006. Entre pantanos y yomomos: La educación intercultural bilingüe en las tierras bajas de Bolivia).

"El impacto de las reformas de 1952 sobre la población nativa también se haría sentir con la pérdida de sus lenguas, al promoverse la castellanización a través de la profusión de escuelas rurales" (Lehm Ardaya, Zulema, 1999. La búsqueda de la Loma Santa y la Marcha Indígena por el Territorio y la Dignidad).

Incluso en los últimos años, desde la implantación de la Reforma Educativa de 1994, el segmento intercultural y bilingüe que promueve como política nacional la mencionada ley fue aplicado con prioridad en las tierras altas, con bastante experiencias en aymara y quechua, ampliando un poco hasta el guaraní para atender la demanda de la zona del Chaco, "dejando los departamentos de tierras bajas con muy pocas experiencias" (Romero, Ruperto & Ventiades, Nancy, 2006. Entre pantanos y yomomos: La educación intercultural bilingüe en las tierras bajas de Bolivia).

LA EVIDENCIA

Lo dicho se evidencia a primera mano en sus organizaciones, empezando por el mismo presidente de la Central de Pueblos Indígenas de Beni (CPIB), Remberto Justiniano Cujuy, que no tuvo la oportunidad de haber crecido en un medio donde hubiera podido aprender el lenguaje de su pueblo, el Movima.

"Entiendo lo que hablan, pero no puedo entrar en conversación y tampoco lo escribo, es algo que ahora lo veo como una necesidad. Nuestros padres no nos enseñaron, o nosotros no teníamos interés de aprender, una de las dos cosas", confesó el alto dirigente indígena.

Algo similar pasa con su homólogo, el presidente de la Central de Pueblos Étnicos Mojeños de Beni (CPEM-B), Pedro Nuni Cayti, quien, sin embargo, tiene mayor conocimiento del mojeño-ignaciano, el que puede hablar, aunque no de forma frecuente.

La historia es totalmente diferente con los pueblos que tienen una práctica permanente de su lengua materna, cuyo uso es más bien el oficial, incluso por encima del castellano, como ocurre con el t'shimane, cuyo presidente del Gran Consejo, Jorge Áñez Claros, sí la practica perfectamente.

"No hablar nuestra lengua hubiera sido un gran error, nuestro pueblo ha sido valiente, porque pese a las agresiones nunca se rebeló, claro que se mantuvo cerrado en su lengua y sus costumbres, eso es nuestro mayor tesoro", sostuvo orgulloso el joven líder de los chimanes en el centro misionero Horeb, en San Borja.

Otra gran organización es la Central Indígena Regional de la Amazonia de Bolivia (Cirabo), presidida por Fanor Amapo Chipunavi, un cavineño que habla su lengua materna, pese a la fuerte presión externa que ha llevado casi al exterminio de los nativos que están en el norte del país.

MULTIETNICIDAD Y PLURILINGÜISMO EN BENI

Las 361 lenguas existentes en la vasta Amazonia Continental quedan reducidas a tres grandes familias étnico-lingüísticas: Arawak, Tupi-Guaraní y Caribe.
La Arawak es el grupo más antiguo con unos 7.000 años y al cual pertenecen dos de los pueblos más importantes de la región amazónica: Moxeño, Baure, además de la desaparecida lengua joaquiniana; en tanto que los jirionó, guarayo y la casi extinguida guarasgwe son tupí-guaraní.

Pero también hay varias familias étnicas que no tienen clasificación en el catálogo antropológico y son identificadas como aisladas: Itonama, Movima, T'shimane-Mosetén, Yuracaré, Canichana, Cayubaba y Moré, que provienen de la familia lingüística Chapacura y Tacana, ésta última forma otra familia con el mismo Tacana, el Cavineño, Maropa y Esse Ejja (Shoemaker, Jack, 1978-79. Ejercicios y otros suplementos sobre gramáticas estructurales de lenguas bolivianas: esse ejja. Riberalta ILV).

En tanto que el Pacahuara y el Chácobo, ubicadas al norte del departamento, pertenecen a la familia Pano (Moreno, Mauro, Roca, Oscar y Olivio Janneth, 2003. Guía del alfabeto chácobo).

En su obra Las Lenguas Indígenas de Bolivia, Dick Édgar Ibarra sostiene que los movimas, cayubabas, canichanas e itonamas parecen pertenecer a un subtrato lingüístico primitivo, anterior a la expansión de las grandes familias lingüísticas amazónicas (Caribe, Arawak, Tupí-Guaraní) e, incluso, al nivel de las lenguas tacana y pano, de agricultores amazónicos más antiguos.

"Existe la sugestión (sin ninguna autoridad) que los movimas pueden provenir como efecto de invasiones de los caribes" (Chávez Suárez, en Judy y Judy, 1962). También existe la idea, según algunos, que "los movimas e itonamas se relacionan con los cubeos y los chibcha de Colombia" (Albó, Xavier, 1995. Bolivia plurilingüe, guía para planificadores y educadores).

Hacemos especial mención al pueblo Guarayo, que integra la familia étnica beniana desde las mismas reducciones jesuíticas. Los gobernadores de Santa Cruz y los misioneros tenían la necesidad de abrir un camino que comunique Chiquitos con Moxos. "En 1793, al mando del P. Gregorio Salvatierra, se crea la misión de San Pablo, con un grupo de guarayos escapados de la misión de San Javier de Chiquitos". (Melgar, Tania, 2002. Guarayos de Moxos: Comunidad Naranjito).

La comunidad Naranjito se encuentra en la provincia Marbán, colindante con Santa Cruz. No son reconocidos por su organización de proveniencia étnico-lingüística (APG) y tampoco por la CPIB; Melgar y los dirigentes de su colectivo desean un mejor destino para todos sus pobladores, empezando por su reconocimiento.

"En las tierras bajas hay 33 grupos étnicos minoritarios en los que se hablan unas 30 lenguas indígenas (...) Están aquéllos que mantienen su identidad étnica, pero ya no el idioma". (Albó, Xavier, 2000. Iguales aunque diferentes: Hacia unas políticas interculturales y lingüísticas para Bolivia).

PUEBLOS EN VÍAS DE EXTINCIÓN

"Se pierde la lengua y con ello una gran parte de su identidad cultural, con eso estamos hablando de pueblos que están en alto riesgo de desaparecer y que quizás muy pronto sean parte de historias que sirvan para el museo", enfatizó Katsuyoshi Sanematsu, director del Instituto de Estudios de Latinoamérica y profesor de antropología de la Universidad de Rikkyo, de Tokio (Japón).

Cuando se presentó el proyecto Pueblos indígenas de la Amazonia beniana a un paso de la extinción se tenía una idea imprecisa, pero llena de preocupación, porque el tema era complejo y había que probarlo documentalmente. La lengua es una parte fundamental como factor de identidad al momento de analizar la multiculturalidad existente, y más en nuestro país donde hay más de 35 pueblos o naciones originarias.

La lengua materna y todo rasgo de lo indígena se quiso borrar con distintas reformas legales, por esa vía se acuñó la identidad de 'campesino' y fue así, también, que la primera reforma educativa impuso para el sistema de enseñanza el idioma castellano.

"En la escuela me expulsaron por no saber hablar español, la profesora me dijo: 'Mientras no sepás saludarme como debes, no entras a mi clase'; a mí me costaba y llevaba muchos cimbrones (azotes)", recordó Ana Moevo Tamo, la esposa de Jerónimo Tamo Yubánure, uno de los profesores bilingües que enseña mojeño-trinitario en una escuela estatal.

Con matices menos duros, y con la construcción de eufemismos que se alejan de la realidad indígena, como "la indómita raza camba" o "el bravío hombre mojeño", la educación siguió negando la posibilidad de difundir las lenguas originarias. Luego vino la nueva Reforma Educativa y la misma Constitución Política del Estado, de 1994, con principios que declaran un país pluricultural, multiétnico y multilingüe; sin embargo, en la realidad no se impulsó ni una política seria ni continua.

Pero la enseñanza monolingüe no sólo promueve la pérdida cultural de los pueblos indígenas, sino que también daña la cultura nativa, porque muchas veces los profesores se convierten en vehículos de aculturación (Navia, Carlos, 2003. La Cuestión Indígena en Beni).

Experiencias actuales

Pese a esa marcada presión, existen casos dignos de destacar, como la enseñanza del dialecto mojeño-javeriano que durante cinco años efectuó, por iniciativa propia, el maestro Carmelo Jou Mosua. Lamentablemente no tuvo ni el apoyo del sistema educativo ni de las autoridades públicas, y hace dos años, ante la falta del mínimo soporte didáctico, dejó de instruir la lengua javeriana, que casi forma parte ya de los recuerdos.

Otro ejemplo para destacar es el de la escuela Juana Azurduy de Padilla, donde el profesor de música Adhan Ichu Moye, para completar sus horas, imparte un curso de moxeño-trinitario. "Pese a que está en la libreta como asignatura, para que se enseñe una lengua materna, no se lo hace, porque todavía no se lo toma en cuenta y peor todavía, no hay ítems para este caso", sostuvo el maestro.

Mientras que en los colegios Pedro Ignacio Muiba y José Santos Noco, dependientes de Fe y Alegría, la situación es más favorable: serían los únicos establecimientos donde se lleva adelante un plan piloto de preparación del mojeño-trinitario.

Don Jerónimo Tamo es el profesor y recordó que por su insistencia le reconocieron un ítem; por lo que, con la aprobación de la directora, instruye su idioma desde cuarto básico a primero medio. "Para lograr que me den el cargo, se lo puso como si fuera de francés, pero ahora ya somos reconocidos como lengua materna", comentó en tono de satisfacción.

De las lenguas que tienen mayor experiencia y estudio están el moxeño-ignaciano, aunque "la mejor conocida es la mojeña, en sus dos variantes principales: el trinitario y el ignaciano" (Muiva, Estanislao, Matenez, Mariano, Janneth Olivio, 2003. Guía del alfabeto mojeño-ignaciano).

El T'shimane es otro de los pueblos que ha sabido mantenerse cerrado, favorable en todo caso a la preservación de su idioma y cultura. Son más de 50 los maestros bilingües t'shimane-castellano y hay numerosos textos de escritura y religiosos, elaborados por los misioneros de Horeb, de Nuevas Tribus.

En el nivel superior, pese a que la Universidad Autónoma de Beni forma parte del Programa de Formación en Educación Intercultural Bilingüe para los Países Andinos (Proeib-Andes), todavía no se puso en discusión un plan serio para rescatar las lenguas indígenas de la Amazonia. Solamente se aprobó la asignatura de moxeño-trinitario en dos semestres de la carrera de Ciencias de la Educación. "Muy insuficientes para aprender un dialecto, de allí que tratamos de dar lo más elemental", dijo el docente bilingüe Eulogio Ibáñez.

Desaparecen las lenguas

Ya se extinguió el mojeño-loretano y el joaquiniano, al igual que el carmelitano, estos dos últimos tendrían relación con el baure. Están siguiendo el mismo rumbo: el mojeño-javeriano, el itonama, el canichana, el cayubaba, el maropa y el moré, pueblos que tienen una escasa población hablante.

Wigberto Rivero da cuenta de un grupo étnico del que poco se conoce y tampoco aparece en los registros de la Central de Pueblos Indígenas de Beni ni en ninguna institución oficial. Se trata de los Guarasugwe o Pauserna, que estarían entre Iténez (Beni) y Ñuflo de Chávez (Santa Cruz) y también en la provincia Mamoré.

El antropólogo Rivero añade que los años 1940 y 1945 significaron una ola desastrosa para los Pauserna, por la nueva boga del caucho. Se hablaba de una población de 31 habitantes.

En el caso del pueblo Canichana, en nuestro diálogo con el último hablante de su lengua en San Pedro, Eugenio Gilagachi Chayana (82), vimos un haz de esperanza, dado que hay 240 palabras en tres vocabularios (Plaza Martínez, Pedro & Juan Carvajal Carvajal, 1985. Etnias y lenguas de Bolivia) y últimamente, su hija Sandra, una maestra normalista del lugar, tomó interés por aprender el legado de su padre y va anotando lo que recuerda don Eugenio.

El alfabeto no es todo

Existen diversos intentos por conocer y enseñar las lenguas originarias, y muchas de esas inquietudes, cuestionadas o no por la visión con la que trataron a los indígenas, sirven de referencia para impulsar programas más serios. Desde El Arte de la Lengua Moxa del padre Pedro Marbán, pasando por los exploradores Alcide d’Orbigny y Herland Nordenskiold; luego, iniciando el siglo pasado, con Nicolás Armentia, con el trabajo de Dick Édgar Ibarra Grasso, del Instituto Lingüístico de Verano y Nuevas Tribus, hasta las experiencias más contemporáneas, que involucra a lingüistas europeos que trabajan hasta hoy día.

Paralelo a estos últimos, también se destaca el trabajo del Programa Amazónico de Educación Intercultural Bilingüe (PEIB), dependiente del Viceministerio de Educación Escolarizada y Alternativa, que el 2003 realizó la edición de 11 guías de alfabeto, tres diccionarios en chácobo, moxeño-trinitario y besiro; más cuatro gramáticas en mojeño-ignaciano, weenayek, besiro y mojeño-trinitario y 14 cuentos para niños en moxeño-ignaciano (PEIB-TB, 2003).

El fin no es otro que pasar de la tradición oral a lo escrito, pero el trabajo aún es complejo, demandando tiempo, recursos y, sobre todo, la voluntad de realizarlo.

"Contar con el alfabeto es apenas el inicio para empezar a rescatar una lengua; con la gramática ya se tiene cierto sistema, pero es de constante perfeccionamiento y mucho estudio especializado con los mismos hablantes", precisó Francoise Rose, investigadora del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia, que hace dos años realiza un estudio a profundidad sobre la gramática del mojeño-trinitario.

Expresó también su preocupación por la situación de riesgo de desaparición en que se encuentran las lenguas nativas de la Amazonia beniana: "Una lengua se puede perder en dos generaciones, y si el grupo hablante es menor, son pocas las posibilidades de su rescate porque su aprendizaje y adecuación de su gramática llevan varios años de trabajo".

El Estado actual en los pueblos

Esos diversos factores, agresiones externas y exclusión del sistema público llevaron a encontrar números alarmantes que evidenciamos en nuestro recorrido por los pueblos con presencia indígena.

En Loreto, la primera misión jesuítica de Moxos (1682), no existe una persona que hable el moxeño -loretano; en San Javier, que es la cuarta misión, fundada en 1691, sólo hay una familia de cinco personas que entre todos construyen frases y algunos diálogos; en San Pedro, que fue la octava reducción jesuítica (1697), sólo vive un anciano que habla el canichana, aunque a veces la memoria le juega malas pasadas.

En similar situación estaba el pueblo Cayubaba, que fue la undécima reducción en ser fundada (1704), donde, según los representantes del Cabildo Indigenal, existen únicamente dos viejitos que preservan su idioma.

El 1706 se fundó Reyes, la decimocuarta reducción formada con los Maropa de la zona; el 80% de la población urbana procede de esa raíz, aunque pocos se identifican como tales. Aún así, hay 40 hablantes, que se los encuentra en las seis comunidades nativas.

“¡Etitanani vete ecamimi!, ¡se está perdiendo nuestra lengua!”, dijo preocupada doña Petronila Aguilera Rivero (63), mientras que el presidente de la Subcentral Maropa, Enrique Viquini, confesó no saber ni una sola palabra. En la investigación nos encontramos con la noticia -buena, por supuesto- que el francés Antoine Guillaume está realizando el estudio de la gramática de los maropas.

En 1708 se fundó San Joaquín, una de las poblaciones nativas que sufrió la mayor presión externa hasta borrar lo indígena y recién reaparece en 1992 con la constitución de su Subcentral Indígena. Lamentablemente allí ya no se encuentra a personas que practiquen el joaquiniano.

El mismo año, pero en diciembre, se fundó Baure, la decimoctava misión jesuítica. De ese bravío y numeroso pueblo sólo quedan algunos hablantes, sobre todo en El Cairo, Jaciaquiri y Altagracia, porque en el centro urbano ya pasó al olvido.

"Son pocas las personas que aún hablan la lengua baure, ya nadie de nosotros habla, sólo algunos viejitos, yo soy nacido acá y nunca aprendí, es una pena", aseguró Hugo Melgar Barbery, concejal del municipio. Pese a ello, la alemana Swintha Danielsen está realizando un estudio de su gramática

En 1719 se funda Magdalena con los nativos Itonamas, sería la vigésima misión jesuítica y, pese a ser la población más numerosa de Moxos, según D'Orbigny en 1830, padeció una verdadera devastación. Su población sufrió los efectos de la aculturación y sólo encontramos a don Lauro Chanato Velaca, que vive en el pueblo y sirve de guía para una estudiosa europea de la lengua itonama, la holandesa Emilia Crevels, que prometió este año concluir con su aporte.

De los pueblos del norte, el Chácobo también mantiene cierta reserva, los niños lo usan como su primer idioma y en la escuela aprenden castellano. De igual forma, aunque con una bajísima población, de una familia con apenas 25 personas, están los Pacahuara, su lengua mantiene muy pocas diferencias, según los estudiosos.

Los pueblos Cavineño y Esse Ejja tienen importantes investigaciones, siendo algunos de esos estudiosos Jack y Nola Shoemaker y Mary Ritchie Key con sus diversos trabajos fonológicos y filológicos.

Los Mosetenes, muy emparentados con los T'shimanes, también son motivo de estudio por la alemana Jeannette Sakel, que está empañada en recuperar su lingüística.

No se debe olvidar de la Movima, que es una lengua que se mantiene más reservada que las anteriores, cuenta con profesores bilingües y en junio pasado, la germana Katharina Haude, después de cuatro años de trabajo, defendió su descripción lingüística A Grammar of Movima. También su compatriota Silke Beuse realiza otro trabajo a profundidad.

El presidente de la CPIB, Remberto Justiniano, resaltó el trabajo de guías como Eligardo Chirimani, Melvin Rossel, Agapito Cujuy, Hipólito Mole y Gilberto Machado, que, junto a Janneth Olivio, elaboraron la Guía del alfabeto movima.

Aparte de los variados folletos educativos que se tienen en San Ignacio, para el 2003 el padre venezolano Jesús Olza presentó la Gramática de la lengua mojeño-ignaciana.

En la lengua yuracaré es necesario destacar el trabajo de Julio Ribera Paniagua y Wálter Rivero, quienes en 1991 escribieron el vocabulario yuracaré-castellano, castellano-yuracaré. El año pasado el holandés Rik van Gijn, publicó la Gramática de la lengua yuracaré, y hoy nuevamente está en las comunidades realizando una labor de documentación con la alemana Sonja Gipper.

Finalmente, a la etnia Sirionó se los identifica como desprendimiento del Tupí-Guaraní. Su principal comunidad es Ibiato, a 70 kilómetros de Trinidad.
Cuando salieron los misioneros vino la decadencia de la enseñanza de su lengua. En 2003, luego de un largo proceso, se presentó la Guía del alfabeto sirionó, importante base para el aprendizaje del dialecto entre los cerca de mil nativos del lugar.

DECISIÓN PARA IR AL RESCATE DE LA LENGUA

Después de haber repasado una pequeña parte del maltrato que padecieron los pueblos de la Amazonia beniana, buscamos revelar la decisión para rescatar la cultura nativa y, en este caso, las lenguas maternas en vías de desaparecer.

La primera determinación favorable la encontramos con los mismos originarios, cuyos representantes, aseguran que es el momento de no dejar perder sus idiomas.

Clovis Chávez Atoyai, segundo cacique del Cabildo Indigenal de Exaltación, dijo que están preocupados porque ya no existe mucha gente que hable el cayubaba. "Dos personas a lo máximo saben un poco", dijo.

Exaltación es una pequeña población urbana, fundada en 1704 por el padre Antonio Garriga, que pudo agrupar a los nativos Cayubaba, cuyos dirigentes ahora están animados a impulsar un programa para el rescate de su lengua. Enrique Viquini, presidente de la Subcentral Maropa en Reyes, destacó la disposición tomada en el reciente congreso de la CPIB, que exige al Gobierno asignar recursos y maestros para implantar la educación bilingüe, con la enseñanza de las lenguas originarias de cada pueblo. "Nosotros ya tomamos la decisión, queremos aprender lo que no pudimos en chicos, ahora falta el apoyo del Gobierno y de las autoridades", enfatizó el dirigente.

Hugo Melgar, concejal de Baure, dijo que hace diez años se puso al profesor Alberto Durán para que eduque a las nuevas generaciones, aunque sea en lo básico de su lengua; sin embargo, no prosperó por el desinterés de la propia población. "Es un deber de los municipios y de las autoridades educativas velar para que esta lengua no muera, algo hay que hacer", sostuvo, sin animarse a proponer una iniciativa en su municipio.

Sin duda alguna es necesario que la Prefectura, el Seduca, la universidad, los municipios y otras instituciones que tienen que ver con la cultura ideen un proyecto para consolidar la enseñanza de las lenguas nativas en las escuelas no como folclorismo, sino en la perspectiva de acoger en la praxis esa riqueza que alimenta nuestra cultura viva.

Nuestras culturas y lenguas deben rescatarse (Ernesto Suárez / Prefecto del Beni)

"No podemos darnos el lujo de perder nuestras lenguas, que son parte de nuestra cultura como región, debemos ir a su rescate", así lo manifestó el prefecto de Beni, Ernesto Suárez Sattori. La autoridad expresó su preocupación por el riesgo inminente que atraviesan diversas lenguas de la Amazonia. Fue preciso al señalar que "nuestras culturas tienen que ser retomadas, tienen que aprenderse y ser enseñadas en las escuelas".

Sin embargo, la decisión del prefecto, más que una necesidad implícita por la valoración de la cultura regional, nace como una forma de hacer frente a la posibilidad de tener en las escuelas benianas textos en aymara y quechua. "No me parece correcto, porque lo que debemos enseñar son nuestras lenguas, para que esa cultura no se pierda", remarcó.

Manifestó que conoce la situación de exterminio que sufren las lenguas nativas; por lo que, una vez consolidado el gobierno autonómico, se trabajará de manera en la educación intercultural bilingüe "y de manera inmediata, de lo contrario será tarde".

Como primera acción incluirá en la malla curricular un sistema de planificación y de asignación de recursos para que el emprendimiento sea exitoso.

Ya se dio uno de los primeros pasos con la creación de la Dirección de Desarrollo Indígena, la misma que tiene la misión de atender exclusivamente a este sector de la población, aunque lamentablemente no pasa de dar gasolina, una motosierra y algunos otros insumos, respondiendo a demandas aisladas, sin tener visión de desarrollo sostenible, menos en los cultural.

Insistió en que más allá de atender una exigencia política busca darle un rol protagónico a todos los pueblos indígenas, como sector social que nutre de riqueza y valores ancestrales a los benianos.

La lengua es parte elemental de la cultura (Bertha Ashimoto / Presidenta de la Asociación de Municipios de Beni)

"Cuando hablamos de la parte indígena, hablamos de nuestra cultura, de nuestra diversidad de lenguas que no puede ser obviada por ningún gobierno", precisó la presidenta de la Asociación de Municipios de Beni (Amdebeni), Bertha Ashimoto.

Dijo que ser parte de Beni, donde hay una diversidad de culturas y lenguas, es una bendición por la riqueza cultural que ello representa; sin embargo, en las condiciones que se presenta la situación de estos pueblos, se convierte en una responsabilidad en la que toda la sociedad debe participar. "Estamos hablando de una gran riqueza, pero también de lenguas que sufren el riesgo de perderse, por diversos factores, entre ellos nuestra falta de interés por preservarlas. Hasta ahora se ve a un Essa Ejja y se dice: “Ahí viene el chama”, de una forma despectiva; no debemos decirles así, porque él es un Esse Ejja y debemos sentirnos orgullosos de representar esa cultura, esa raza... le debemos respeto", comentó la autoridad.

Por eso destacó el trabajo que en los años 60 realizó el Instituto Lingüístico de Verano con su sede en Tumichucua, así como el de los movimientos indígenas que llevaron un mensaje reclamando los siglos de exclusión a los que fueron relegados.

"Las lenguas son una riqueza cultural que identifican a un pueblo como región; por lo tanto, no podemos darnos el lujo de que desaparezcan... Un pueblo sin cultura propia es pueblo sin historia y sin riqueza", enfatizó.
Señaló que el fomento a la cultura debe ser un elemento que esté insertado en todas las políticas y planes educativos, económicos, sociales, vecinales, municipales, departamentales y nacionales.

"Si es un elemento de vital importancia, entonces debemos tener especial cuidado para que parte de una cultura, como su lengua, no se pierda y más bien se fomente", expresó Ashimoto.

Juan Jonás Cayú, Trinidad
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